2 diciembre 2022

Socioanálisis

Pensando y recorriendo la vida cotidiana

Imagen de metro en Ucrania en la guerra

La trastienda de la guerra en Ucrania

Imagen de metro en Ucrania en la guerra

Nos ha parecido muy valiosa e interesante la valoración del conflicto bélico en Ucrania por parte del activista y lingüista Noam Chomsky, muy crítico a la hora de enjuiciar y examinar los acontecimientos internacionales. Por eso vamos a reproducir aquí, una buena parte de las entrevistas que le hizo C. J. Polychroniou para la revista Truthout (20 de abril y 4 de mayo de 2022), y que han sido reproducidas por la Revista “Sin Permiso”, de los días: 7 y 13 de mayo de 2022. Dicha entrevista fue traducida al castellano por LUCAS ANTÓN.

Noam, el presidente ruso, Vladimir Putin, declaró la semana pasada en una conferencia de prensa conjunta con su aliado, el presidente bielorruso Alexander Lukashenko, que las conversaciones de paz han llegado a un «callejón sin salida» y que la invasión continúa según lo previsto. De hecho, prometió que la guerra continuará hasta que se completen todos los objetivos que se fijaron al inicio de la invasión. ¿No quiere Putin la paz en Ucrania? ¿Está realmente en guerra con la OTAN y los Estados Unidos? Si es así, teniendo en cuenta sobre todo lo peligrosa que ha sido hasta ahora la política de Occidente hacia Rusia, ¿qué se puede hacer hoy para evitar que todo un país sea potencialmente borrado del mapa?

Nuestra principal preocupación debería consistir en pensar detenidamente qué podemos hacer para poner fin rápidamente a la criminal invasión rusa y salvar a las víctimas ucranianas de más horrores-

Hay, básicamente, dos maneras de que termine esta guerra: un acuerdo diplomático negociado o la destrucción de uno u otro bando, ya sea rápidamente o por medio de una agonía prolongada. Y no será Rusia la que se vea destruida. Es indiscutible que Rusia tiene la capacidad de arrasar Ucrania, y si Putin y su cohorte se ven abocados al paredón, podrían hacer uso de esta capacidad en su desesperación. Esa debería ser seguramente la expectativa de aquellos que retratan a Putin como un «loco» inmerso en delirios de nacionalismo romántico y aspiraciones globales salvajes.

Ese es claramente un experimento por el que nadie quiere pasar, por lo menos nadie que tenga la más mínima preocupación por los ucranianos.

Se hace necesaria la matización, por desgracia. Hay voces respetadas en la corriente dominante que sostienen simultáneamente dos puntos de vista: (1) Putin es, en efecto, un «loco desquiciado» que es capaz de todo y que podría arremeter salvajemente por venganza si se ve acorralado; (2) «Ucrania tiene que vencer. Ese es el único resultado aceptable». Podemos ayudar a Ucrania a derrotar a Rusia, dicen, suministrándole equipos militares avanzados y entrenamiento, y poniendo a Putin contra la pared.

Esas dos posturas sólo pueden sostenerlas simultáneamente aquellas personas a las que les importe tan poco el destino de los ucranianos que estén dispuestas a probar un experimento para ver si el «loco desquiciado» se escabulle derrotado o utiliza la fuerza abrumadora que tiene a su disposición para arrasar Ucrania. En cualquiera de los dos casos, ganan los defensores de estos dos puntos de vista. Si Putin acepta tranquilamente la derrota, ganan ellos. Si destruye Ucrania, ganan: justificará medidas mucho más duras para castigar a Rusia.

No deja de ser interesante que esa voluntad de jugar con la vida y el destino de los ucranianos reciba grandes elogios, e incluso se considere una postura noble y valiente. Quizás se nos podrían ocurrir otras palabras.

Dejando a un lado la matización  -lamentablemente necesaria en esta extraña cultura- la respuesta a la pregunta planteada parece bastante clara: emprender esfuerzos diplomáticos serios para poner fin al conflicto. Por supuesto, esa no es la respuesta para aquellos cuyo objetivo principal es castigar a Rusia: luchar contra ella hasta el último ucraniano, tal como describe el embajador Chas Freeman la actual política de Estados Unidos, asunto este que hemos debatido

El marco básico para un acuerdo diplomático se entiende desde hace mucho tiempo y lo ha reiterado el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski. En primer lugar, la neutralización de Ucrania, otorgándole un estatus más bien parecido al de México o Austria. Segundo, aplazar el asunto de Crimea. En tercer lugar, la adopción de un alto nivel de autonomía para el Donbás, tal vez dentro de un acuerdo federal, para que se resuelva preferiblemente en términos de un referéndum internacional.

En la rueda de prensa, Putin pareció unirse a los Estados Unidos en su preferencia por «lo contrario del arte de gobernar y la diplomacia», aunque sus comentarios no cierran estas opciones. Si las conversaciones de paz se encuentran hoy en un «callejón sin salida», eso no significa que no puedan reanudarse, en el mejor de los casos con la participación comprometida de las grandes potencias, China y los Estados Unidos.

China se ve condenada, con razón, por su falta de voluntad a la hora de facilitar «la diplomacia y el arte de gobernar». Los Estados Unidos, como de costumbre, está exentos de críticas en los medios de comunicación y en las revistas norteamericanas  (aunque no del todo), salvo por el hecho de no proporcionar más armas para prolongar el conflicto o utilizar otras medidas para castigar a los rusos, que es la preocupación dominante, al parecer……

¿Quién podría imaginar que una superpotencia pudiera estar dirigida por un criminal de guerra en esta época tan ilustrada? Un dilema difícil de afrontar, incluso de contemplar, en un país de prístina inocencia como el nuestro.

Me parece ir demasiado lejos concluir que Putin tiene como objetivo la guerra con la OTAN y los Estados Unidos, es decir, la aniquilación mutua. Creo que quiere la paz, de acuerdo con sus términos (¿qué monstruo no la quiere?) Cuáles son esas condiciones sólo podemos descubrirlas tratando de averiguarlas, a través del «arte de gobierno y la diplomacia». No podemos averiguarlo negándonos a participar en esta opción, negándonos incluso a contemplarla o discutirla. No podemos averiguarlo llevando a cabo la política oficial anunciada el pasado septiembre y reforzada en noviembre, asuntos que hemos discutido en repetidas ocasiones: la política oficial de los Estados Unidos sobre Ucrania que la «prensa libre» oculta a los estadounidenses, pero que seguramente la inteligencia rusa, que tiene acceso a la página digital de la Casa Blanca, estudia muy cuidadosamente…..

Volviendo al punto esencial, deberíamos hacer lo que podamos para poner fin a la agresión criminal y hacerlo de una manera que salve a los ucranianos de un mayor sufrimiento e incluso de una posible destrucción si Putin y su círculo se ven contra la paredón sin salida. Eso exige un movimiento popular que presione a los Estados Unidos para que dé marcha atrás en su política oficial y se sume a la diplomacia y al arte de gobierno. Las medidas punitivas (sanciones, apoyo militar a Ucrania) podrían estar justificadas si contribuyen a este fin, no si están destinadas a castigar a los rusos mientras prolongan la agonía y amenazan a Ucrania con la destrucción, con indecibles ramificaciones más allá de ello…

Finlandia y Suecia parecen estar animándose con la idea de ingresar en la OTAN. En caso de ingreso, Rusia ha amenazado con desplegar armas nucleares y misiles hipersónicos en la región del Báltico. ¿Tiene sentido que los países neutrales entren en la OTAN? ¿Tienen realmente motivos para preocuparse por su propia seguridad?

Volvamos al abrumador consenso de los analistas militares y las élites políticas occidentales: el ejército ruso es tan débil e incompetente que no podría conquistar ciudades cercanas a su frontera defendidas mayoritariamente por un ejército de ciudadanos. Así que, por lo tanto, los que tienen un poder militar abrumador deben estar temblando en sus botas por su seguridad frente a este impresionante poder militar en marcha.

Se puede entender por qué esta concepción debe ser la favorita en las oficinas de Lockheed Martin y otros contratistas militares del principal exportador de armas del mundo, saboreando las nuevas perspectivas de ampliar sus abultadas arcas. El hecho de que se acepte en círculos mucho más amplios, y que además dirija la política, quizá merezca de nuevo alguna reflexión.

Rusia dispone de armas avanzadas, que pueden destruir (aunque evidentemente no conquistar), según se desprende de la experiencia de Ucrania. Para Finlandia y Suecia, abandonar la neutralidad y entrar en la OTAN podría aumentar la probabilidad de que se usen. Dado que el argumento de la seguridad no es fácil de tomar en serio, esa parece ser la consecuencia más probable de su ingreso en la OTAN.

También vale la pena reconocer que Finlandia y Suecia ya están bastante bien integradas en el sistema de mando de la OTAN, lo mismo que venía sucediendo con Ucrania desde 2014, lo que se solidificó aún más con las declaraciones políticas oficiales del gobierno de los Estados Unidos de septiembre y noviembre pasados y la negativa de la administración Biden «a abordar una de las principales preocupaciones de seguridad más a menudo formuladas por Vladimir Putin -la posibilidad de que Ucrania ingresara en la OTAN»- en vísperas de la invasión…

C.J. Después de meses de combates, resulta evidente que la invasión no marcha de acuerdo con los planes, las esperanzas y las expectativas del Kremlin. De las cifras de la OTAN se desprende que las fuerzas rusas ya han sufrido tantos muertos como los registrados a lo largo de toda la guerra de Afganistán, y la postura del gobierno de Zelenski parece ser ahora la de «paz con victoria». Evidentemente, el apoyo de Occidente a Ucrania resulta clave para lo que está ocurriendo sobre el terreno, tanto militarmente como en términos de soluciones diplomáticas. De hecho, no hay un camino claro hacia la paz, y el Kremlin ha declarado que no pretende terminar la guerra para el 9 de mayo (conocido como Día de la Victoria, y que conmemora el papel de los soviéticos en la derrota de la Alemania nazi). ¿No tienen derecho los ucranianos a luchar hasta a muerte antes que entregar cualquier territorio a Rusia, si esa es su decisión?

Que yo sepa, nadie ha sugerido que los ucranianos no tengan ese derecho. La Yijad Islámica también tiene el derecho en abstracto de luchar hasta la muerte antes que rendir territorio alguno a Israel. Yo no lo recomendaría, pero están en su derecho.

¿Es eso lo que quieren los ucranianos? Ahora quizás sí, en medio de una guerra devastadora, pero no en un pasado reciente.

El presidente Zelenski resultó elegido en 2019 con un mandato abrumador en favor de la paz. Se movilizó de inmediato para conseguirla, demostrando gran valor. Tuvo que enfrentarse a violentas milicias de derecha que amenazaban con matarle si intentaba alcanzar un acuerdo pacífico siguiendo la fórmula de Minsk II. Stephen Cohen, historiador de Rusia, señala que, de haber contado Zelenski con el apoyo de los EE.UU., podría haber perseverado en ello, y haber resuelto tal vez el problema sin una horrenda invasión. Los Estados Unidos se negaron, optando por su política de integración de Ucrania en la OTAN. Washington siguió ignorando lo que para Rusia son líneas rojas, así como las advertencias de toda una serie de diplomáticos y asesores gubernamentales norteamericanos de alto nivel, como han venido haciendo desde que Clinton eliminó la promesa firme e inequívoca de Bush a Gorbachov de que, a cambio de la reunificación alemana dentro de la OTAN, ésta no se expandiría ni un centímetro más allá de Alemania.

Zelenski propuso también con sensatez dejar en un segundo plano la cuestión de Crimea, de cariz muy diferente, para abordarla más adelante, cuando termine la guerra.

Minsk II habría supuesto algún tipo de acuerdo federal, con una autonomía considerable para la región del Donbás, de manera óptima, algo que se determinaría mediante un referéndum supervisado internacionalmente. Por supuesto, esas perspectivas se han reducido tras la invasión rusa. No sabemos en qué medida. Sólo hay una manera de averiguarlo: avenirse a facilitar la diplomacia, en lugar de socavarla, como siguen haciendo los Estados Unidos.

Es cierto que «el apoyo de Occidente a Ucrania resulta clave para lo que está ocurriendo sobre el terreno, tanto militarmente como en lo que respecta a soluciones diplomáticas», aunque yo sugeriría una ligera reformulación: el apoyo de Occidente a Ucrania resulta clave para lo que está sucediendo sobre el terreno, tanto militarmente como en lo que respecta a socavar, en lugar de facilitar, soluciones diplomáticas que podrían poner fin al horror.

El Congreso, incluidos los congresistas demócratas, está actuando como si prefirieran la exhortación del presidente demócrata del Comité Selecto Permanente de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Adam Schiff, de que tenemos que ayudar a Ucrania «para que podamos luchar contra Rusia allá, y no tengamos que luchar aquí contra Rusia».

La advertencia de Schiff no tiene nada de nueva. Recuerda a la llamada de emergencia nacional de Reagan porque el ejército nicaragüense se encontraba a solo dos días de marcha de Harlingen, estado de Tejas, y a punto de arrollarnos. O la súplica lastimera de LBJ [el presidente Lyndon Johnson] de que tenemos que detenerlos en Vietnam o “arrasarán con los Estados Unidos y nos quitarán lo que tenemos”.

Esa ha sido la situación permanente de los Estados Unidos, constantemente amenazado de aniquilación: que es mejor detenerlos allá.

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