Imagen del Roto

Empezamos la nueva década con los mismos lineamientos y tendencias que cerramos la anterior en este nuevo siglo. Se afianza la dictadura del mercado, se desmotan los auténticos valores y se cristalizan los «valores instrumentales». El materialismo se ha instalado definitivamente en nuestro mundo. Y, en todo este proceso, el ciudadano es un mero testigo, es el pasajero del tren del consumismo. 

Definitivamente se ha consagrado el cinismo. Nada es como parece, pero la realidad inventada. recreada, ornamentada, la virtualizada, es la única que cuenta, el horizonte sin destino por antonomasia. Nos creemos las mentiras que nos cuentan, aún sabiendo que lo son, damos crédito a nuestras propias mentiras, las que permiten que sigamos progresando de una estación a otra, y, damos validez a los eufemismos que enmascaran la realidad. El cinismo se ha adueñado de nuestro entorno, y no somos capaces o no queremos bajarnos de este tren.

Ahora parece que nos «escandalizamos» del Wikileaks, de esa especie de goteo y fuga de la información, de las «fake news», de los más «altos secretos» de los Estados, cuando todos eramos conscientes de que todo eso sucedía. Sin embargo, nos averguezan esos secretos de la alcoba del poder, el desvelamiento de todo aquello que corre por las cloacas del sistema, el retrato de lo que somos en el escaparate de los medios. La «Seguridad Nacional» por encima de todo, la salvaguarda del Estado, el poder hegemónico, todo esto y otras muchas más ramificaciones del poder, de los poderes, jalonan el Wikileaks de la vida cotidiana. Es el auténtico «Gran Hermano», el que ahora se pasea por los medios, acompañando a esos «grandes hermanos» que salpican y saturan todos los espacios televisivos. La bufonada que preocupa a los poderosos, pues deja sus verguenzas al descubierto y expuestas al espectáculo.

Hay otros muchos cinismos que engalanan esta procesión hacia el sinsentido. Unos son tradicionales, como el cinismo que acompaña a muchas de las iglesias, que predican una cosa y hacen otra bien distinta. O al de académicos que exhiben su purismo científico, cuando instrumentalizan sus saberes para salvaguardar intereses propios o de aquellos otros que financian sus conocimientos. Otros, son sistémicos, como los asociados a los intereses corporativos de los sindicatos, de los médicos, de los profesores, de los partidos políticos….donde imperan las formas, los rituales, por encima de los contenidos y de las personas.

En fin que el cinismo se ha asentado en nuestras vidas y al que, por tanto, tendremos que hacer un seguimiento mucho más pausado y fundamentado. Ahora nos conformamos con los apuntes anteriores.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.