La Caja de Marfil

La Caja de Marfil guía a los lectores de Somoza por caminos menos enrevesados de los acostumbrados. Nos narra la historia de la búsqueda de una adolescente en un pequeño pueblo andaluz. Búsqueda que empieza por una frase (Nunca regresaré y si me buscas me encontrarás muerta) que ayuda a intuir al lector los derroteros por dónde podría circular el argumento. Aunque nos narra con verosimilitud la vida de un pueblo costero andaluz no es una novela costumbrista.

Tampoco, aunque lo parezca, es una novela detectivesca al uso (más propicio del también magnífico Lorenzo Silva) pese a que las palabras de la mayoría de los diálogos salgan de la boca de uno de ellos. Esta es, simplemente, otra obra de Somoza, enrocada en sus libros basados en el pueblo ficticio Roquedal, dónde vuelve a calibrar con excelencia la personalidad de cada protagonista, haciéndonos participar de sus sueños y deseos más profundos, rayando a veces, la genialidad de Mirakami, artista contemporáneo de lo etéreo.

Es, para muchos, una novela menor del cubano, en el sentido de que nos narra universos más mundanos y cercanos, diferentes a los que ya estamos acostumbrados de él (viajes en el tiempo, ciencia ficción, terror, sectas, erotismo).

Quizás en esa dirección esté de acuerdo con sus detractores, aunque bien es cierto que la culpa no es la inexistente baja calidad literaria de esta caja de marfil sino de lo enormemente mal acostumbrados que estamos sus seguidores.

En esta pequeña historia, como ya he dicho, nos encontramos con la búsqueda de una adolescente perdida. Quirós, un investigador privado venido a menos y Nieves, una antigua profesora de la desaparecida se unen en colorido grupo en medio de ese pueblo desconocido para ellos.

Como es habitual en este tipo de literatura, las pistas van y vienen en la trama y los personajes secundarios -algunos estupendos como el grupo de jóvenes skins- introducen en la búsqueda diversas tonalidades que hacen que no te aburras con el paso de las páginas. Tambiés es extraordinaria la capacidad del autor de introducir elementos metaliterarios de gran nivel o los acertados momentos de vigilia o ensoñación.

Si no has leído a Somoza te recomiendo que empieces por otros libros más espectaculares o atrayentes -y que más encajan con la idiosincrasia de la página- como pueden ser La Dama número trece o Zig Zag, pero no duddes en adentrarte en esta trama andaluza si sólo recuerdas maravillas de este prolífico escritor. No te decepcionará. Por cierto, sacará pronto una nueva novela Habrá otro día Somoza.

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