Inés del Alma Mía

«El héroe de las campañas de Flandes e Italia, de las revueltas del Perú y la conquista de Chile, el militar más famoso y valiente del Nuevo Mundo, no se atrevía a enfrentarse a una mujer y por eso llevaba dos meses escondido en una nave».

Me lo pensé varias veces antes de animarme a leer Inés del Alma Mía de Isabel Allende. El título me sugería una novela romanticona escrita a modo de cartas de amor entre Pedro de Valdivia, conquistador y fundador de Chile, y su valerosa amante, Inés Suárez. Acababa de leerme La Malinche de Laura Esquivel y no quería volver a tropezar con una de esas escribientes hispanoamericanas que publican para mujeres de clases altas que leen un rato mientras se les seca la pintura de los pies. Me lo pensé varias veces porque son muchos los críticos que catalogan a Isabel Allende como una mala escritora, una mala copia de los grandes maestros del boom latinoamericano. 

Por esa regla la Casa de los Espíritus sería algo así como una hija bastarda de Cien Años de Soledad. Yo pienso que hija sí lo es; pero sobre lo de bastarda tengo mis dudas. Porque si  bien al principio se nota a la autora pisando cautelosa sobre terrenos ajenos, ya avanzada la novela camina sobre firme, encontrando su propio tono y estilo. La Casa de los Espíritus es una de mis novelas favoritas y la razón de que a pesar de las dudas decidiera darle a Isabel Allende un voto de confianza para entrar en las páginas de Inés del Alma Mía.

Para mi sorpresa la novela no es ni de lejos una novela epistolar de corte romántico, sino una crónica autobiográfica -¿quién demonios elige los títulos de las novelas?- La autora construye su narración desde el respeto a una extensa investigación documental y a sus orígenes mestizos. Este dato es importante porque no es fácil para los escritores iberoamericanos enfrentar el tema de la conquista sin lastimar fibras patrias. Además, Isabel Allende ha defendido el rescate, para la literatura, de personajes femeninos llenos de fuerza y pasión y la extremeña Inés Suárez encaja a la perfección con este perfil. Pero ¿qué ocurre cuando el personaje femenino pertenece a esos «extraños enemigos» sobre los que se ha construido la identidad nacional americana durante los últimos doscientos años? La autora comete el acierto de no limitarse a juzgar sino a tratar de entender.

¿Qué llevó a esos hombres y mujeres de Castilla a dejar su tierra en busca de un Nuevo Mundo? Para la historia oficial de los países americanos sólo existe una respuesta: su ambición desmedida por el oro. Pero la realidad es mucho más compleja. Allende dedica los dos primeros capítulos de la novela a narrar la realidad española de la época: sus guerras en Flandes y en Italia, sus conflictos internos, el perfil de sus habitantes, las historias de sus protagonistas antes de cruzar el mar océano. Es a partir del tercer capítulo que empieza a contarse la expedición de la conquista de Chile y la fundación y construcción de la ciudad de Santiago.

Uno podrá cuestionarse si es realmente necesario que la autora dedique tantas páginas a ambientar la historia que quiere contar, pero para cuando empieza la aventura de Chile el lector es plenamente consciente de que el protagonista, Pedro de Valdivia, no es un oportunista cualquiera, sino un valiente soldado del emperador Carlos V que combatió en Flandes y en Italia; para cuando empieza la aventura de Chile el lector es consciente de que no a todos los conquistadores les movía su sed de oro; a los verdaderamente grandes les movía algo más profundo; la necesidad de «dejar fama y memoria».

La historia de la conquista de Chile, como la conquista de América en general, es una historia fascinante y desgarradora que se cuenta por sí sola. No necesita demasiados artificios literarios para atrapar al lector. Algunos de esos artificios te los ofrece la misma realidad iberoamericana….En Inés del Alma Mía la autora se encuentra una y otra vez con historias casi mágicas que no puede ignorar y que deja que pueblen su relato: la aparición a caballo del apóstol Santiago en su encarnizada lucha contra los indios, el descubrimiento milagroso de un ojo de agua en pleno desierto de Atacama, cuando ya la expedición estaba al borde del colapso, las predicciones sabias de su fiel india y yanacona que sabe siempre lo que va a ocurrir antes de que ocurra…

Los ejemplos son abundantes; sin embargo no es una novela de aventura y fantasía contada para celebrar la conquista. La autora no se censura a la hora de enumerar las atrocidades cometidas por los españoles contra los pueblos nativos -sería injustificable e imperdonable que no lo hiciera-. Siento que ese es uno de los grandes aciertos de la novela: esa sensación de grandeza y miseria, de aventura y lucha, de orgullo y vergüenza , que transmite en cada una de sus páginas. Porque ese es el origen de la historia nacional de los iberoamericanos y por eso les cuesta tanto reconciliarse con su pasado.

Los personajes además, son reconstruidos por las circunstancias: el Pedro de Valdivia original: soñador, noble y amante termina convertido en un gobernador despótico, sanguinario -hay páginas sobre los castigos a los indios mapuche que destrozan al lector más insensible- y amargado. Su trágica muerte en el capítulo final (perdón por el spoiler pero es Historia) se agradece como justicia divina. Inés, mientras tanto, protagonista indiscutible de la novela, se eleva como la gran mujer al lado del gran hombre sin cuya participación la conquista, fundación y construcción del Reino de Chile no hubiera sido posible.

Sólo un gran defecto le veo a la novela: a la autora se le olvidó novelar. El enfoque elegido de la crónica autobiográfica queda aplastado por la propia historia que se lee más como un ensayo bien contado que como una buena novela. A la autora le sobraron conocimientos y buenas intenciones pero le faltó el talento del escritor que sabe lo que quiere contar y sabe cómo contarlo. Y al final se le nota la prisa, la necesidad de terminar una historia de la que todavía le queda mucho por decir, una historia a la que le crecen nuevas historias -la guerra de la Araucaria frente al fascinante mapuche Lautaro-, una historia enorme, la conquista de América, sobre la que todavía queda mucho por escribir, discutir y, sobre todo, novelar con maestría. 

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