Yo Soy la puerta

Imagen de Osho

Volvemos a traer aquí una nueva reflexión de Osho, de la mano del amigo De Dios, que sigue ahondando en sus pensamientos y viéndolo como guía en sus meditaciones cotidianas. Acompañamos todo ello del sonido y la palabra de Radio Exterior de España, donde le dedicaron un programa especial.

Para situar el texto, el Maestro Osho murió el 19 de enero de 1991 y el texto
es de principio de los ’70, por eso alude al tercio final de siglo. Considero muy interesante su enfoque –es un sabio, independientemente de las perspectivas que ha presentado sobre su vida una de estas series se vieron por TV en España hace un par de años dedicada a Osho–, y llama la atención “la segunda de las creencias que nos dejó el comunismo” y que ha hecho suya, sin ningún tipo de aderezo, nuestro capitalismo extremista de
actualidad: “la relación del hombre con la sociedad es únicamente un fenómeno económico”, de manera que… “la consciencia se convierte en un
epifenómeno de las fuerzas económicas”. Eso no quita para que los voceros
del capitalismo más radical, sin que haga falta señalar, sigan con el
soniquete asustadizo de “los comunistas” y “el comunismo” para
abochornar a la izquierda en los foros públicos, un flatus vocis que sigue
cumpliendo con su cometido.

«Por eso los días que están por venir serán determinantes, los años que están por venir decidirán el destino de los próximos siglos. Esto será determinante, determinante en el sentidode que la creencia de que los seres humanos somos solo máquinas, instrumentos mecánicos naturales, será predominante. Cuando esta creencia se vuelva predominante, será muy difícil volver a hallar esa corriente perdida y oculta. Se hará cada vez más difícil, incluso hoy en día se ha vuelto muy difícil. Hay tan pocas personas en este mundo que realmente conozcan la corriente viva, que se pueden contar con los dedos de una mano.

Quienes hablan, solo están hablando, muy poca gente realmente sabe y cada día que pasa esa cantidad disminuye. Quienes saben, no están siendo reemplazados por otros. Cada día hay menos y menos personas que conocen la corriente viva, que conocen la realidad que yace debajo, que conocen la consciencia, que conocen lo divino.

Los años por venir serán decisivos, por eso quienes están de alguna manera listos para comenzar, serán iniciados por mí. Si diez mil son iniciados y solo uno alcanza la meta, vale la pena tomarse la molestia. Y a quien llegue a conocer algo sobre este mundo interior, le pediría que vuelva y que llame en todas las puertas, que suba a los tejados y que proclame que algo dichoso, que algo inmortal, que algo divino es.

Sé testigo, ve y sé testigo de ello; de lo contrario, la creencia en lo mecánico prevalecerá. Es más fácil verlo ahora, más adelante no será fácil reemplazarlo. La mente es, de algún modo, plástica, y hoy en día más plástica, lista para ser moldeada de acuerdo con cualquier modelo.

Todas las viejas creencias han sido arrancadas y la mente está vacía y sedienta de pertenecer a cualquier cosa, incluso a una creencia en lo mecánico. Cualquier sinsentido que le puede dar a uno el sentimiento de pertenencia, que le pueda hacer sentir a uno que sabe lo que es la realidad, será acogido y la mente humana se aferrará a este sinsentido.

No se debe desperdiciar ni un solo momento. Quienes saben, aunque sea un poco, quienes han experimentado tan siquiera un atisbo, deben hablar de ello con otros. La última parte de este siglo no es tan insignificante como pudiera parecer, es muy importante y, en cierto modo, más importante que los pasados siglos, porque el ritmo del cambio es tan veloz, que estos treinta

años son como treinta siglos. Lo que no se pudo hacer en treinta siglos, se podrá hacer en treinta años, en tres décadas. La velocidad del cambio es tal que el tiempo, que parece tan pequeño, no lo es.

Hay tres creencias que van a matar, que van a destruir el último puente entre la humanidad y la corriente de lo divino que yace por debajo. Una es la creencia de que la mente es solo una máquina. La segunda nos la dejó el comunismo y dice que la relación del hombre con la sociedad es únicamente un fenómeno económico. En todo caso, no hay corazón, el hombre no es decisivo, la estructura económica es decisiva. El hombre está únicamente en manos de las fuerzas económicas, de fuerzas ciegas. Marx dice que no es la consciencia lo que dicta una sociedad, sino la sociedad la que dicta la consciencia. En ese caso, la consciencia no sería nada; si no es decisiva, no es. Y, en tercer lugar, está el concepto de la irracionalidad.

Las tres creencias son: el concepto darwiniano que se ha convertido en la creencia de que el ser humano es una máquina, luego, el concepto marxista que ha convertido a la consciencia en un epifenómeno de las fuerzas económicas y, finalmente, el concepto freudiano de la irracionalidad: que el hombre está en manos de fuerzas naturales, del instinto. En todo caso, el hombre hace lo que sea que tenga que hacer y no hay consciencia, sino una noción ilusoria de que somos conscientes.

Los profetas de hoy son Freud, Darwin y Marx. Los tres se posicionan en contra de la libertad y los tres se posicionan en contra de la inmortalidad.

Por lo tanto, yo seguiré empujando a todos hacia el mundo interior, con la esperanza, claro, con la férrea esperanza de que alguno llegue a la corriente viva, la satchitananda, y que sea capaz de expresarlo a través de su ser completo, que lo viva. Si tan solo unas cuantas personas pueden vivirlo hoy en día, el curso de la humanidad que tiene que venir cambiará. Pero esto

solo puede suceder, no a través de la enseñanza, sino a través de la vivencia, por eso insisto en que sannyas es un comienzo para vivir.»

(I’am the gate, Pág. 24)

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